Y todo fue oscuridad,
su alma como espejo de su vida,
combinada muy bien en aquel apocalíptico momento.
Lágrimas sin calor rodaban por su rostro,
como si cada una fuese un trozo de sí mismo;
y allí tirado,
lo abandonaron sus fuerzas
para dejarlo como un despojo más en aquella avenida,
quiso levantarse pero no pudo,
entonces golpeó en suelo,
y sin remordimiento se dejó caer.
Resignado a la cruel realidad,
se miró para darse cuenta
de que aquel tiempo fortuito,
ya había quedado atrás,
y ahora lo que tenía era un sucio hedor,
una repugnancia de sí mismo,
que acababa con cada una de sus más grandiosas remembranzas.
Odio, rencor, angustia, sufrimiento;
eran sus más grandes realidades,
no pudo con aquel demonio que toda su vida lo acompañó,
le ganó la guerra,
y ahora vitoriosa alardea en su mente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario