jueves, 19 de junio de 2014

Poema #6

Y se ocultó bajo las tinieblas,
oculto tras su manto miserable.
La oscuridad de su alma se reflejó en su rostro
torturado por los años.

Si tal vez fuese su luz,
la luz de sus ojos penetrantes
culpable de su brillo,
del brillo que irremediablemente para él,
vislumbraba algún día de claridad vital,
vivencia putrefacta y melancólica.

Eterna era su defensa,
nunca dejó traspasar de sus ojos su brillo, celestial belleza.
Cambió todo esto por infernal obscuridad,
un fugitivo de su esencia,
un vagabundo de su propio mundo.

Y así con la extenuante hipocresía,
cayó en la podrida agua,
consumido por sus demonio,
cayó, no quiso seguir.

Y tendido allí, murió,
cuando sus temores, convertidos en sucios roedores,
lo destrozaban lentamente.



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