La cuadrícula de mi cuaderno no me deja pensar en qué decirte,
pues estos vacíos cuadros me recuerdan a los más oscuros poemas que he escrito,
poemas que viven bajo mi piel como escombros de duras batallas que he ganado,
y de otras tantas que he perdido.
Me he convertido en una ambulante de la noche,
y en la vigía de una ventana sucia y desmarañada
que en su fondo te contiene a ti,
en la desnudez más absoluta,
esa desnudez que me encanta.
Y me doy cuenta de que sos vos quien despierta mis más profundos pensamientos eróticos,
cuando mi piel te siente cerca se impregna de tu ardiente sudor.
Sos vos quien hace matarme la cabeza pensando en las mil formas de conseguirte,
así como me encantas, con tu plena desnudez acariciando mi cuerpo,
el cual está siempre cerca al tuyo;
y es pues en las noches donde sueño con las sombras de tus manos
acariciando mi pálida tez en tu cama,
con la luna apuntando con sus directos rayos de luz,
dejando ver nuestros cuerpos sin ropa.
Te he imaginado de tantas sublimes formas
que me he llegado a perder entre mis propias ilusiones.
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