El brillo de tus parpadeantes ojos,
fuerte acompaña mis aflojados pensamientos,
y es mi mente quien se esmera por recordar a tus dudosas manos
tocando mi plano abdomen,
asfixiando los vellos de mi piel morena,
conteniendo un placer inalcanzable
entre mis húmedos y brumosos labios.
Cobardes tus manos que se intimidan
antes las montañas de mi cuerpo
que claman ser exploradas,
porque cuando me besas te siento taciturno,
y a la vez consternado.
Te siento con ganas de todo y a la vez de nada,
que cuando rozas mis labios alcanzo a percibir
los latidos de tu corazón más fuertes,
y tus piernas se acercan a las mías hasta el punto
en que nos volvemos uno,
sin nadie que nos aparte.
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